T A O R M I N A

Conocí Taormina cuando tenía 23 años. Era finales de diciembre. Yo estudiaba un año de filosofía en Pordenone, una de las pequeñas y hermosas ciudades al norte de Italia de la región del Friuli, Venecia, digamos que las antípodas de Taornina de la que yo nunca había oído hablar.

En ese final de año nos ofrecieron a varios alumnos viajar a Roma y participar en un seminario sobre “ecumenismo”, iniciaba la moda de los “diálogos interculturales”… social, político, religioso. También la moda de los secuestros y atentados.

En Italia surgieron las “Brigadas Rojas”, cuates de extrema izquierda que pretendía que su país se retirara del Tratado del Atlántico Norte. En España igualmente el grupo izquierdista vasco, ETA, solicitaba la misma reivindicación para el país Ibérico más la caída de Francisco Franco y, para llenar plato, el final de la guerra de Vietnam.

Yo no solo estaba ilusionado con el premio del viaje a Roma, me lo había merecido por un excelente rendimiento de final de trimestre que presente en equipo con dos compañeros, uno español y otro mexicano, formamos una excelente mancuerna. Además precisaba levantar mi ánimo patriótico ante la nefasta noticia sobre el cruento asesinato del primer ministro español Carrero Blanco propiciado por el grupo vasco dentro de la operación “Ogro” para acelerar la caída del franquismo.

Yo era antifranquista. Por lo que me alegre mucho de la muerte del prospecto a suceder al dictador. Pero me abatió bastante el procedimiento seguido para su desaparición. Aun no estábamos acostumbrados a los actos terroristas de esta magnitud y lógicamente los sentimientos se contraponían ante la falta de conocimiento en este rublo.

 

R O M A

El caso es que el viaje a Roma me vino muy bien. No había estado más al sur de Venecia, a la que casi todos los meses acudía a resolver asuntos por ser la capital administrativa de la región. Ahora, subido al tren en un frio diciembre de 1973 me la pasaba garabateando el vaho que soltaba mi boca junto con mi nariz pegadas a la extensa ventanilla de mi departamento sin quitar ojo de las estampas invernales que la velocidad permitía apreciar entre viñedos, campiñas, casonas, castillos y viejas estaciones ferroviarias surgidas arquitectónicamente de la fiebre del hierro forjado que ayudo a poner de moda el Ing. Alexandre Gustavo Eiffel desde mediados del siglo XIX, hasta llegar a la vieja estación Términi, en uno de los barrios más viejos de Roma, del siglo II, donde se encontraban los baños públicos de Diocleciano.

La estación, de las más concurridas de Europa, te permite gracias a su altitud, tener un primer encuentro con la mítica ciudad de los amamantados de Luperca, Rómulo y Remo, imaginándome desde una de las varias colinas que abrazan la ciudad, el susurro de la gente que me daba la bienvenida a Roma. Casualmente desde una de esas colinas, donde se encontraba el centro de capacitación de nuestro seminario, me toco vivir uno de los espectáculos más impresionantes que haya podido ver en mi vida: los fuegos artificiales de la ciudad de Roma, la noche del 31 de diciembre de 1973 recibiendo el año nuevo.

 

A L E S S I O

En esos días conocía a Alessio. Alessio hacia sus prácticas de estudiante en una dependencia de la procuraduría de justicia en el barrio de Colonna. Vivía cerca de su trabajo en un destartalado departamento que parecía derrumbarse de un momento a otro. Era novio de Alda una preciosa muchacha de Cordenos, a dos kilómetros de Pordenone, un pequeño pueblo rustico en donde todos los lunes junto a mi grupo de amigos cenaba pisa con grappa.

Su novio resulto ser un tipo muy agradable que pronto nos ofreció pasar los primeros días de año nuevo con su familia en Silicilia. ¿Dudarlo? Pájaro en mano vale más que ciento volando. Sí era simpático. Su familia increíble. La típica de un pueblo de la isla metido entre el surgir de la era turística y el fortalecimiento de las familias mafiosas. El pueblo se llamaba Taormina.

Nunca más después de aquel año nuevo de 1974 volví a tener relación con Taormina, sí con Alessio, que siempre por correspondencia iba siendo testigo de sus proyectos de vida, también me daba detalles de su familia. Una tarde, varios años después se me presento sin avisar en mi departamento de Barcelona, a unas cuadras del templo de la Sda. Familia. Había viajado en moto desde Roma. Fue increíble. Pasamos unos días en grande. Ahí es cuando te das cuenta de lo que es una amigo, lo rige la frontera entre el afecto arraigado y la simpatía superficial.

 

T A O R M I N A

Solo ahora. Mayo 2017. Y cuando después de la cumbre del G7 en Japón se anuncio la siguiente cumbre en Italia en Taormina, en la costa este de la isla de Sicilia, volví a recordar la experiencia vivida, por casualidad, en un rincón del mundo conformado entre piedras milenarias, jardines exuberantes, hermosos acantilados, familias mafiosas y un imponentes mar de belleza.

En este lugar. A este lugar. Llega uno de los hombres más adustos en este momento en el mundo. Su faraónico estilo de vida, su convulsivo carácter, su idolatrada personalidad y su mirada de perro pug, no sabemos si dará realce o nó a la belleza de un rincón que existe desde el año 730 a. C. Será el primer encuentro formal de

Donald Trump Presidente de los EEUU, con los líderes, jefes de Estado mas ecuménicos del mundo, Alemania, Japón, Italia, Canadá, Francia, Reino Unido, Estados Unidos, Unión Europea.

Casualmente en esta reunión aparecen dos personajes nuevos que saludaran, se presentaran y abrirán la boca muy desparejos entre sí. Polos opuestos de la visión política de un país y del mundo. El reciente elegido Presidente de Francia, Emmanuel Macron, de 39 años, con una historia de amor de película, y Donald Trump, Presidente de los EEUU desde enero del 2017, de 70 años, con una historia de amor… también de película, pero de miedo. Ante ellos se encontraran los presidentes de Canadá, Alemania, Japón, Italia, Reino Unido, y los representantes de la Unión Europea. Sobre ellos recae de manera preponderante, al menos hasta el día de hoy, la planeación industrial del planeta, esa fuerza que genera tanto el “amor como la guerra” a escala mundial.

Las reuniones del G7 son como el vestíbulo del salón imperial del G20, donde de la misma manera y con idéntica preocupación se amplía esa tarea de arbitrar los temas internacionales de economía, trashumancia, industria, tensiones, espacio, medio ambiente… y en el que México también es parte de esa gigantesca mesa redonda de opiniones y decisiones que en su última reunión el año pasado 2016 en Hangzhou, China, los temas de la lucha contra el fraude fiscal, el proteccionismo, los refugiados, y los ataques populistas a la globalización fueron fundamentales ante el acelerado ritmo del mundo que, nos está dejando desconcertados e ineptos a todos.

La próxima reunión del G20 será en Hamburgo, Alemania, en Julio, y será la dama de hierro, Ángela Merkel, quien presida. No son muchas las mujeres en el grupo de poder, apenas tres. Quizás la incógnita mayor de este encuentro sea las próximas elecciones del partico comunista de china, que tras 96 años de régimen, aun no queda claro como se definirá en la hegemonía mundial de un siglo XXI y que nos deja en cada elección de su dirigente a la expectativa de cómo será el siguiente. Lo sabremos en unas semanas más cuando Xi Jinping, un hombre bien acogido, entregue su relevo.

Recuerdo que entre las historias que en las noches nos contaba Alessio desde el mirador de su casa hacia un bravío oleaje de principios de enero, la que más me impresiono fue la referente al nieto del patriarca Paul Getty.

 

L A  O R E J A

La historia se convirtió en uno de los primeros y más famosos secuestros del mundo, abriendo la posibilidad a una nueva forma de hacer dinero por parte de los grupos terroristas. J. Paul Getty III de 16 años, había sido secuestrado en Roma, y Alessio tuvo la fortuna de ser uno de los ayudantes del inspector de policía que dirigió la controversial operación de aquella trama. Nos contaba que a él personalmente le toco llevar a los laboratorios de la procuraduría general de Roma, la oreja del joven secuestrado que había sido enviada a la familia como reafirmación de que si no pagaban el rescate, después de la oreja vendría su cadáver.

Si la violencia de esos inicios de los años 70 eran el surgimiento de una nueva forma de terror que agarraba a los países del mundo escasos en leyes y normas precisas para combatir el imprevisto fenómeno de violencia, hoy, el terrorismo, se convierte en uno de los temas centrales que será de nuevo tocado en Taormina, donde la belleza del medio hará recapacitar, un poco, a los 7 grandes del mundo, el contraste con la suciedad que predomina en sus agendas de trabajo.

Han pasado 45 años de mi viaje a Taormina y, de nuevo han venido los recuerdos. Si en aquel momento, de mi parte, era la ingenuidad de los pocos años la que se enfrentaba a temas sociales desgarradores, hoy más viejo, ya siento sobre mí la responsabilidad reflexiva el ciclo de la historia. Parece que el mal y el bien van de la mano, están destinados a coexistir, pero nada impide que ante los fríos nubarrones de la fealdad antepongamos la dulzura y la belleza simbolizada ahora en este pequeño rincón del mundo. Taormina existe, y eso, nos da esperanza.

 
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